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RESPETÓ DEMASIADO Y PERDIÓ

  • Foto del escritor: Ruben Ceballos
    Ruben Ceballos
  • 1 jul 2022
  • 2 Min. de lectura

El respeto es valorable en todos los ámbitos de la vida. Es condición necesaria para cualquier ser humano que se digne de tal. Ahora bien, en el fútbol, llevado a sus extremos, es un pecado mortal. Mas aún cuando se pone al rival en un pedestal exagerado. Argentinos Juniors es un buen equipo, si, pero tampoco es el Barcelona de Guardiola. Su entrenador, Gabriel Milito, cuenta con tan buena prensa que sus virtudes son excesivamente ponderadas y sus defectos son omitidos con frecuencia. Lo que alguna vez hizo Coleoni, Rondina lo repitió. Linea de 5 ante el conjunto de La Paternal para controlar su sistema aceitado, su excelsa posesión del balón, su insoportable ataque por las bandas. Valga la ironía. Los dos llegaban con los mismos puntos y la misma cantidad de goles a favor y en contra. Entonces, ¿cuál era el poderoso rival al que había respetar excesivamente? Rondina tuvo miedo a perder y sucedió lo que generalmente pasa en esos casos: perdió. El "tiki tiki" del Bicho no se tradujo en situaciones de gol. La línea de 5 cumplió su objetivo, pero Central recuperaba la pelota a 70 metros del arco rival y no tenía volantes que generasen transiciones de defensa-ataque con fluidez. Dependía demasiado del retroceso de Metilli para apoderarse del balon, pero no tenía interlocutores válidos. Es cierto que ante la plaga de lesiones que padecen los delanteros, el DT debe rebuscárselas, pero podría haber puesto volantes con características mas ofensivas. En fin. En el complemento, Rondina corrigió con variantes y el Ferroviario se animó a jugar en campo enemigo. Pero Argentinos golpeó a los 5. Una monumental patriada de Gonzalez Metilli concluyó en el gol de Soraire, pero otra vez el VAR castigó a Central con un penal y fue el inicio del fin. Los últimos 20 fueron arrestos individuales de un equipo que extraña horrores tener delanteros. Fue 1-2 y otra vez con las manos vacías en el Único. El conjunto santiagueño navega en un mar de irregularidad. No sólo en los resultados, también en el funcionamiento. Rondina se podrá excusar en la cantidad de lesionados y en los refuerzos ofensivos que no llegan. Pero le cabe una responsabilidad ineludible: nunca, desde que está en el cargo, el equipo jugó dos partidos seguidos como Dios manda. Un tiempo si, otro no; un partido si, otro no. Así, no hay excusas que valgan. Por el Gringo Ceballos Foto Prensa Central Cordoba

 
 
 

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