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EL VALOR EFÍMERO DE LA PALABRA

  • Foto del escritor: Ruben Ceballos
    Ruben Ceballos
  • 20 oct 2022
  • 2 Min. de lectura


La telenovela llegó a su fin: Abel Balbo dejará de ser el técnico de Central Cordoba a fin de campeonato y arregló su llegada a Estudiantes de La Plata para el 2023.


Tan solo 3 meses y un puñado de días duró el proceso de un entrenador que hizo en el Ferroviario sus primeras armas en el fútbol argentino. Llegó como una apuesta y, por ende, para el pueblo futbolero había mas incertidumbres que certezas. Ilusionó a los hinchas con un discurso motivador y ambicioso, a pesar del presente calamitoso del equipo, que había provocado la salida de Rondina.


El debut ante Racing con sólo 2 entrenamientos lo mostraron como un DT comprometido con la causa. Mas temprano que tarde el equipo mostró su impronta, iba al frente aún en circunstancias adversas y los resultados empezaron a acompañar. Gracias a la tarea intangible de Julio Lamas, fue notorio el cambio de mentalidad en muchos jugadores que se traducían en rendimientos individuales y colectivos impensados hasta ese momento.


La salvación del descenso con tanta antelación no fue por arte de magia. Fue fruto del trabajo y la mancomunión evidente entre cuerpo técnico y jugadores. Mientras la gente ya pensaba en la próxima temporada y el rearmado del plantel, Abel Balbo tenía otros planes. Y sus planes no estaban pensados para Santiago.


Aquel técnico que repetía hasta el cansancio que iba a respetar el contrato con el club hasta su finalización (Junio del 2023); aquel hombre que mostraba una seriedad, compromiso y profesionalismo intachables; aquella figura que pasó sus mejores años en Italia y trajo a esta humilde provincia su idiosincrasia europea, tiró al tacho lo mas valioso de lo que puede vanagloriarse una persona de bien: el respeto por la palabra.


Poco importan ahora la letra chica de los contratos, las claúsulas y la mar en coche. Balbo apeló a la legalidad, pero perdió legitimidad. Y eso es muy difícil de recuperar ante el pueblo ferroviario. Nadie puede inmiscuirse en la voluntad de una persona de progresar en lo profesional, pero Central Cordoba como institución no merece que se la use como un trampolín. Tres meses es muy poco tiempo para desarrollar un proyecto. Y Abel Balbo lo sabe. Central Cordoba subió al escenario a alguien que nadie tenía en cuenta y, en medio de la obra, mientras era aclamado por el público, respetado y apreciado por sus compañeros, el actor principal decide bajarse de un proyecto en el cual él era el alma máter. Que la historia lo juzgue, señor Abel Balbo.


Por el Gringo Ceballos

 
 
 

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