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CON LA SALVACIÓN EN LAS MANOS

  • Foto del escritor: Ruben Ceballos
    Ruben Ceballos
  • 26 sept 2022
  • 2 Min. de lectura

Era una final y la jugó como tal. A pesar de las bajas importantísimas en el 11, Central Córdoba volvió a ganar en una cancha que le sienta muy bien (tercera victoria seguida en Mar del Plata); además consiguió por primera vez en su historia tres victorias al hilo en Primera División y sin que le hagan goles. Pero esos datos estadísticos no son lo más importante. Lo importante de ganar en el Minella es que el Ferroviario prácticamente aseguró su permanencia en la Liga Profesional en esta temporada.


El 3 a 0 ante Aldosivi, con un Lopez Muñoz en llamas, le permite al conjunto de Balbo sacarle 12 puntos al Tiburón y 13 a Patronato con 18 puntos en juego (aparte Central tiene un partido pendiente ante Velez). Es decir, tendría que desmadrarse todo para que el elenco santiagueño descienda a fin de campeonato. A la seguidilla agobiante de partidos que se vienen para Octubre, Central Cordoba podrá afrontarla con una tranquilidad que hace 2 meses atrás ni el mas fanático hincha ferroviario hubiera imaginado.


El primer tiempo en el Minella fue un fiasco. Se jugó con dientes apretados, con mucha imprecisión y algunas piernas fuertes. Casi no pisaron las áreas y el 0 a 0 fue lógico.


En el 2T, el conjunto de Balbo fue inteligente, aprovechó la desesperación de Aldosivi que tiraba manotazos de ahogado, encontró en los metros finales la lucidez que faltaba y, con un Gonzalez Metilli iluminado, y un Lopez Muñoz imitando cosas de su tío-abuelo, marcó claras diferencias ante un local que no podía liberarse de sus propias limitaciones.


Si este equipo no extrañó a Renzo ni a Ale Martínez significa que su crecimiento es exponencial. Antes eran jugadores irreemplazables. Hoy lo colectivo disimula las falencias individuales. Ese es el mayor mérito de Abel Balbo.


Cuando Balbo asumió Central Cordoba se hundía como el Titanic. Su capitán Rondina había saltado del barco y la tripulación ya tenía puestos los salvavidas. Los dueños del barco (dirigentes) miraban para otro lado deslindando responsabilidades. Todos miraban y esperaban el desastre inminente. Pero apareció Balbo, se plantó frente a la devastación total y con su cuerpo técnico se hicieron cargo. Tenían una epopeya por delante. Fueron convenciendo a todos de poner lo colectivo por delante de lo individual. O se salvaban todos juntos o ninguno. Lo entendieron a tiempo y hoy el barco se enderezó y navega por aguas mas calmas. No fue un milagro, fue trabajo grupal. Como pasa en la sociedad, tambíen pasa en el fútbol: nadie se salva solo.


Por el Gringo Ceballos

Foto Prensa Central Cordoba





 
 
 

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